ESTHER TEIJEIRO LEMOS: UNA VIDA ENTRE VIÑAS
Pionera de la viticultura ecológica gallega y creadora del primer vino ecológico de Galicia.
UNA HISTORIA FAMILIAR QUE COMIENZA EN 1840
La historia de Bodega Diego de Lemos se remonta a 1840, cuando los antepasados de Esther Teijeiro Lemos ya cultivaban viñedos y elaboraban vino en las tierras de Chantada. Desde entonces, distintas generaciones de la familia han mantenido una relación inseparable con la tierra, las cepas y el río Miño.
Esther nació en 1936 en Nogueira de Miño, en el seno de una familia campesina. Fue la cuarta de cinco hermanos y creció durante los difíciles años de la posguerra, en una aldea entonces llena de familias que vivían principalmente de la agricultura.
Su infancia estuvo marcada por el trabajo y por la pérdida prematura de sus padres. Su madre murió cuando Esther tenía catorce años y su padre apenas un año después. Los cinco hermanos tuvieron que comenzar a trabajar siendo todavía muy jóvenes.
Esther aprendió costura en Chantada y, tras conocer a Antonio Regal, se casó y se trasladó a Pincelo. Allí formó su familia, trabajó la tierra y estuvo también al frente de una humilde casa de comidas, todavía recordada por su cocido, su cabrito y la hospitalidad con la que recibía a quienes llegaban hasta aquel pequeño rincón de la Ribeira Sacra.
LOS PRIMEROS PASOS DE LA BODEGA
El vino siempre estuvo presente en la vida familiar. En 1985 abrió la bodega Pincelo, que estuvo entre las primeras de la zona en embotellar sus propios vinos. En aquellos años, muchos viticultores todavía vendían su producción a granel, pero la familia estaba convencida de que los vinos de Chantada merecían llegar al mercado con su propia botella y su propia identidad.
En las primeras etiquetas aparecía el nombre Viño de Chantada. Pincelo sería posteriormente una de las bodegas pioneras en la creación y consolidación de la Denominación de Origen Ribeira Sacra y la primera en incorporarse a ella cuando comenzó a funcionar su Consejo Regulador.
La bodega familiar, construida en piedra y con la parte posterior excavada en la roca, conserva la arquitectura tradicional de las bodegas de Chantada. Sus viñedos se encuentran en las escarpadas riberas del Miño, entre socalcos o muras levantados durante generaciones para hacer posible el cultivo en las pendientes.
Es la llamada viticultura heroica: una forma de trabajar exigente, paciente y en gran parte manual. Con el paso de los años se han incorporado raíles y pistas que facilitan algunas tareas, pero el cuidado de estas viñas continúa requiriendo un enorme esfuerzo.
EL RECUERDO QUE CAMBIÓ SU MANERA DE CULTIVAR
Esther nunca olvidó cómo trabajaban sus padres en Nogueira. Elaboraban vino sin herbicidas ni tratamientos sistémicos y confiaban en el equilibrio natural de la tierra.
Durante años, Esther cultivó siguiendo los métodos que se habían generalizado en el sector. Sin embargo, un día observó que la tierra tratada parecía completamente desierta: entre las cepas ya no crecía ni siquiera la hierba. Aquella imagen le hizo pensar que el suelo estaba enfermo.
En 1995 tomó una decisión radical para la época: abandonar los herbicidas y recuperar una forma de cultivo más cercana a la que había conocido durante su infancia.
La decisión provocó incomprensión y críticas. Vendedores de productos agrícolas, vecinos y personas del propio sector le aseguraban que se equivocaba y que aquel modo de trabajar no sería rentable. También dentro de su entorno familiar existían dudas. Algunos llegaron a decir que no tendría ni para comer.
Esther, sin embargo, continuó adelante. Dejó crecer la cubierta vegetal, recuperó el desbroce y la cava tradicionales y limitó los tratamientos a los permitidos por la agricultura ecológica. Era un trabajo más duro, pero para ella tenía sentido: cuidar el suelo era la única manera de asegurar el futuro del viñedo y preservar la autenticidad de cada cosecha.
El tiempo terminó dándole la razón.
EL NACIMIENTO DE DIEGO DE LEMOS
De aquella apuesta nació Bodega Diego de Lemos. El nombre fue elegido en homenaje a su abuelo, Diego Lemos Lemos, de quien Esther heredó parte del viñedo familiar y, sobre todo, el recuerdo de una relación respetuosa con la tierra.
El proyecto ecológico comenzó a tomar forma alrededor del año 2000. En 2002, los vinos Diego de Lemos tinto y blanco obtuvieron la certificación ecológica y, en 2003, la bodega recibió el primer sello de vino ecológico emitido en Galicia.
En una época en la que la agricultura ecológica todavía resultaba desconocida para muchas personas, Esther había creado la primera bodega de vino ecológico de Galicia.
Los vinos Diego de Lemos se elaboran con variedades tradicionales gallegas: mencía para los tintos, y godello y treixadura para los blancos. Proceden de viñedos familiares cultivados sin herbicidas, con cubierta vegetal y respetando los ciclos naturales de la tierra.
Algunas de las cepas tienen entre setenta y ochenta años. Son plantas que han sobrevivido a varias generaciones y que expresan en cada cosecha la singularidad de los suelos, el clima atlántico y el paisaje de la Ribeira Sacra.
Para Esther, lo ecológico nunca fue una moda ni una estrategia comercial. Fue una manera de recuperar la sabiduría de sus padres, proteger el viñedo y permitir que el vino conservase el verdadero sabor de la tierra en la que nace.
ABRIR CAMINO SIENDO MUJER
La apuesta por la viticultura ecológica no fue la única barrera que Esther tuvo que superar. También fue una de las primeras mujeres que se puso al frente de una bodega en un sector dirigido tradicionalmente por hombres.
Tuvo que demostrar que una mujer podía cultivar, podar, elaborar vino, dirigir una pequeña empresa y defender sus propias decisiones. Las burlas y las dificultades no lograron apartarla del camino elegido.
Con el paso del tiempo, quienes habían dudado comprobaron que las viñas continuaban produciendo, que la tierra recuperaba su vitalidad y que los vinos recibían premios y reconocimientos.
Esther se convirtió así en un referente de la viticultura ecológica, del emprendimiento femenino rural y de todas aquellas personas que tuvieron el valor de defender una idea cuando nadie más creía en ella.
ESCUCHAR LA TIERRA Y LAS CEPAS
La manera de trabajar de Esther nace de la observación diaria. Durante décadas recorrió las viñas, comprobó el estado de cada planta y aprendió a interpretar lo que la tierra necesitaba antes de intervenir.
Todavía en 2023 continuaba visitando las viñas diariamente. Su conocimiento no procede únicamente de los libros, sino de toda una vida observando las estaciones, el suelo, la lluvia, el sol y la evolución de las cepas.
Para ella, cultivar significa prestar atención: escuchar la tierra y comprender que una viña cuidada responde con frutos capaces de expresar el paisaje del que proceden.
UNA HISTORIA QUE CONTINÚA
La obra iniciada por Esther no termina con ella. Sus hijos, Alfonso y Camilo, continuaron vinculados al mundo del vino, y su nieto Roberto Regal se convirtió en enólogo. Las nuevas generaciones heredaron no solo unas viñas y una bodega, sino también una forma de entender la relación con el territorio.
Esther ha explicado que lo mejor de su vida es la familia y que siente un enorme orgullo al comprobar que sus hijos, nietos y bisnieto continúan apostando por el vino y por la tierra.
Su filosofía puede resumirse en unas palabras pronunciadas al ser reconocida como Lucense del Año:
«A terra é o que temos; se non a coidamos, non somos nada».
PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS
2000 — Tercer premio en la Feria del Vino de Chantada.
2001 — Diploma en el X Concurso Internacional de Vinos de Montaña, celebrado en Aosta, Italia.
2003 — Medalla de plata de la Xunta de Galicia para el vino tinto.
2003 — Medalla de bronce de la Xunta de Galicia para el vino blanco.
2003 — Primer sello de vino ecológico emitido en Galicia.
2005 — Premio de la Xunta de Galicia á Muller Rural Emprendedora.
2006 — Reconocimiento de su trayectoria en el libro Palabras da Terra, dedicado a los vinos gallegos con denominación de origen.
2007 — Mención especial de CRAEGA como mejor productora de alimentos ecológicos.
2009 — Reconocimiento Vino Excelencia.
2013 — Baco Joven de Oro para Diego de Lemos 2011.
2018 — Mágnum Honorífico Viñolvidable, concedido por el Instituto Galego do Viño por su trabajo en favor del papel de la mujer en el sector vitivinícola gallego.
2019 — Reconocimiento a su trayectoria empresarial en los Premios Son Muller, organizados por la Asociación de Mulleres Empresarias da Provincia de Lugo.
2022 — Premio Excelencia Medioambiental de los XIII Premios Ecovino, por su modelo sostenible y su carácter pionero en la elaboración de vinos ecológicos.
2025 — Reconocimiento como Lucense del Año, concedido por El Progreso en homenaje a su trayectoria y a su contribución a la viticultura de la Ribeira Sacra.
EL LEGADO DE ESTHER
La historia de Esther Teijeiro es la historia de una mujer que supo mirar hacia atrás para adelantarse a su tiempo.
Recuperó la manera de cultivar de sus padres cuando casi nadie hablaba de sostenibilidad. Defendió el vino ecológico cuando muchos dudaban de su futuro y demostró que la perseverancia podía transformar las críticas en reconocimiento.
Hoy, Bodega Diego de Lemos continúa siendo testimonio de aquella decisión valiente: cuidar la tierra para que cada botella conserve la memoria del paisaje del que procede.
Porque las mejores historias no terminan nunca.
Simplemente continúan escribiéndose.


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